"A los artistas que no olviden la humildad que da el aprender"
domingo 22 de noviembre de 2009
martes 17 de noviembre de 2009
miércoles 11 de noviembre de 2009
domingo 1 de noviembre de 2009
lunes 26 de octubre de 2009
viernes 16 de octubre de 2009
viernes 9 de octubre de 2009
martes 6 de octubre de 2009
lunes 5 de octubre de 2009
miércoles 30 de septiembre de 2009
martes 29 de septiembre de 2009
sábado 12 de septiembre de 2009
lunes 7 de septiembre de 2009
lunes 31 de agosto de 2009
martes 25 de agosto de 2009
miércoles 19 de agosto de 2009
martes 18 de agosto de 2009
¿Por qué lo haces?
¿Qué nos lleva a vivir? A mantener este estado de permanente necesidad y fragilidad.
¿Qué nos empuja a buscar ser saludables? A evitar el dolor de lo enfermo y la decepción del no existir.
Como si por vivir uno existiese.
La absurda necesidad de sentir que vivir es poder.
¿Qué nos empuja a buscar ser saludables? A evitar el dolor de lo enfermo y la decepción del no existir.
Como si por vivir uno existiese.
La absurda necesidad de sentir que vivir es poder.
miércoles 12 de agosto de 2009
domingo 9 de agosto de 2009
sábado 25 de julio de 2009
Qué deseaos¿?
Dónde empieza, cuando es que comienza, alguien es capaz de identificar el primer paso y el primer tropezón, la primera risa, la primer ilusión, el primer llanto,el primer amor. Cómo es que solo hay una primera vez, si nos encontramos a cada instante en un nuevo momento. Cuándo deja de ser la primera vez?
Si es imposible repetir es que nuestras creencias nos engañan o tal vez nos protegen o tal vez nos controlan.
Cómo sería comenzar de nuevo cada día? Respirar, oler, acariciar, llorar, sentir, morder, mirar... necesitamos poder controlar y olvidamos que solo hay una oportunidad.
Si es imposible repetir es que nuestras creencias nos engañan o tal vez nos protegen o tal vez nos controlan.
Cómo sería comenzar de nuevo cada día? Respirar, oler, acariciar, llorar, sentir, morder, mirar... necesitamos poder controlar y olvidamos que solo hay una oportunidad.
miércoles 22 de julio de 2009
Mural con confusion group en Critica Urbana


El sábado 18 de julio con CONFUSION group pintamos un mural en la azotea del 5º piso
del Patio Maravillas con diversos artistas y colectivos, dentro de las actividades que se desarrollavan en el Festival de Crítica Urbana. Madrid, 09.
Seguramente por alguna confusión no aparecemos en la web ni en el cartel,
misma razon para que el mural finalmente quede como lo ves en la imagen de abajo...
jueves 16 de julio de 2009
domingo 12 de julio de 2009
viernes 10 de julio de 2009
martes 7 de julio de 2009
miércoles 1 de julio de 2009
Exposición Kbuki Club
domingo 28 de junio de 2009
sábado 27 de junio de 2009
viernes 12 de junio de 2009
jueves 4 de junio de 2009
miércoles 3 de junio de 2009
jueves 9 de abril de 2009
jueves 26 de marzo de 2009
MMMMMMM
No puedo encontrarme en este laberinto que llamamos vida. Me desespera no ver la salida y más aun no ver la entrada. No saber que es delante y que es atrás, no saber que soy o si siquiera soy. No puedo encontrarme en este laberinto y me desespera.
1/2 + 1 colectivo de arte- Wake up!!
miércoles 25 de marzo de 2009
sábado 21 de febrero de 2009
Hermosa
Agradezco encontrarte y conocerte
Agradezco poseerte y amarte
Agradezco olerte y acariciarte
Agradezco hablarte y escucharte
Agradezco estar y que estés
Te agradezco ... por elegirme
Agradezco poseerte y amarte
Agradezco olerte y acariciarte
Agradezco hablarte y escucharte
Agradezco estar y que estés
Te agradezco ... por elegirme
jueves 19 de febrero de 2009
jueves 5 de febrero de 2009
Pequeña inocencia
¿Qué decir a una nueva vida?
Como explicarle lo que inevitablemente vivirá, como darle a entender que es un ser que desarrollara deseos, fantasías, temores, inquietudes, necesidades y que experimentara alegría, euforia, tristeza, soledad. Como transmitir sin empaparla con lo que no deseo, como protegerla si sólo podrá ser no haciéndolo.
Como explicarle lo que inevitablemente vivirá, como darle a entender que es un ser que desarrollara deseos, fantasías, temores, inquietudes, necesidades y que experimentara alegría, euforia, tristeza, soledad. Como transmitir sin empaparla con lo que no deseo, como protegerla si sólo podrá ser no haciéndolo.
viernes 23 de enero de 2009
Proyecto de danza y nuevas técnologías"Guerras" - 1/2 + 1 colectivo de Arte
Y yo me pregunto… ¿Para qué sirven las guerras? Se pretende realizar un análisis sobre las distintas guerras que el ser humano experimenta en la vida y los posibles motivos que las desencadenan. Para ello se utilizan diferentes formas de expresión que son la danza, la música y la imagen.“Guerras” es un proyecto en el cual se unen la danza y los medios audiovisuales, donde se plantea la intervención de un espacio por medio de la dualidad de la danza contemporánea y el flamenco, relacionándose con sonidos generados en vivo y la proyección y edición de una presentación visual en tiempo real. Es una interpretación del mundo pasado, presente y futuro.
domingo 28 de diciembre de 2008
viernes 12 de diciembre de 2008
martes 25 de noviembre de 2008
martes 11 de noviembre de 2008
jueves 23 de octubre de 2008
Tentaciones 08

LAST CONFUSION GROUP SHOW
We were invited to take part of FEM08, a big art fair in madrid. We created a small gallery with our paints and videoart, a Instalation with sculptures, a big head with video-eyes and we also had been asked to creat a mural paint in live. Take some time, and Have a look!!
Fuimos invitados a participar en FEM08, una gran feria de arte en Madrid. Hemos creado una pequeña galería con nuestras pinturas y videoarte, una instalación con esculturas, una gran cabeza con video en los ojos "Gurugle" y también creamos un mural en vivo. Tómate tu tiempo, y echa un vistazo
domingo 12 de octubre de 2008
jueves 9 de octubre de 2008
Innecesario

Técnica mixta sobre lienzo
40cm - 30cm
Madrid 2008
Como es que el humano se alimenta de la desgracia, la historia de nuestra existencia no fue siempre así. En algún momento el ser humano reconoció a un igual como potencial amenaza. Pero a diferencia del simple animal que ataca o defiende por necesidad, el hombre (utilizando al termino como genérico de la raza) no atiende a sus necesidades únicamente, como es posible que haya un ser que no tenga saciedad, que no logre satisfacción. Y que dicho vacío alimente más aún la necesidad de desgraciar a sus semejantes. Me resulta curioso, como la misma persona que aprieta el botón que inicia el caos en una sociedad, con sus consecuentes actos de violencia, el advenimiento de la pobreza en sus extremos más horrorosos, la deshumanización de los seres, tenga importancia en otra sociedad, una familia que lo estime, amigos que lo acompañen. Pero lo que más me llama la atención como es que tal abominación de ser humano tenga la cantidad de seguidores necesarios para poder concretar sus más descabelladas atrocidades. Como es posible que pares de una misma especie se encuentren con realidades tan dispares, si la esencia es la misma como es que esto ocurre. Como es que el soldado que asesina, no lo entiende así. Es posible que no comprende que su enemigo al cual no conoce es también hijo, hermano, padre, amigo, novio, en otras palabras un igual. Es posible que el empresario que sale de paseo con su nieta y la cuida, es la misma persona que dictamina que otros nietos vivan indignamente. Debo de entender que nuestra esencia es malvada, desprovista de empatía y consciencia de ser y pertenecer. Debo reconocerlo como un ser individual, lamentablemente soy de esa especie pero no me alimento con la desgracia, mi dicha nunca llegara pues la empatía es mi karma, de la cual me enorgullesco pero soy consciente que al pertenecer a la especie humana es una desgracia.
viernes 12 de septiembre de 2008
jueves 26 de junio de 2008
domingo 10 de febrero de 2008
Sin sentido
Nostalgía
Pensando,
en tu olor,
en tu voz,
en tu contacto.
Pensando,
en tu dulzura,
en tu pasión,
en tu amor.
Pensando,
en el día que te conocí,
en el momento que fuiste mía,
en el momento que te perdí.
Pensando,
en ti siempre estoy.
en tu olor,
en tu voz,
en tu contacto.
Pensando,
en tu dulzura,
en tu pasión,
en tu amor.
Pensando,
en el día que te conocí,
en el momento que fuiste mía,
en el momento que te perdí.
Pensando,
en ti siempre estoy.
sábado 9 de febrero de 2008
Es dificil ser Cuba

Pensar que en algún momento creyó entender, su vida le parecía agradable. Bien posicionado con proyección de crecer, una hermosa novia, familia y amigos que le querían. Prototipo de hombre medio que nació en una familia de "bien" en una ciudad de un país que mal que mal se puede jactar de que todavía hay gente que sale adelante.
Germán comenzó su vida, como la mayoría de los mortales, cuando por primera vez al verse reflejado en el espejo vio la realidad. Su mirada no era la misma que tiempo atrás, ya no veía del mismo modo. Fue perdiendo el brillo de la inocencia, se torno más penetrante, más dura ... más adulta?
Su reflejo nunca le disgusto, aun así se modifico y transformo. La metamorfosis tampoco le resulto desagradable, pero por qué había cambiado y qué fue lo que hizo posible ese cambio. No es que estos interrogantes le quitasen el sueño pero Germán como hombre del promedio se sentía seguro controlando y esta situación se le había escapado. Al comentarles lo sucedido a sus allegados obtuvo como respuesta frases como "los años no vienen solos" o "el paso del tiempo". Las cuales no conformaron, eran respuestas obvias pero por sobretodas las cosas inconsistentes. ¿Qué años? ¿Qué tiempo? A Germán no le preocupaba si su barba era más tupida o del comienzo de calvicie que denotaba su cabeza, pero por el contrario le aterrorizaba la idea de no reconocerse. De que llegase el día en que se mirase en el espejo y viese a un extraño. Y estaba convencido de que el paso de los años, por si solos, no podían ser los causantes de tamaña tragedia.
Lo que no sabía era que éste despertar traería consecuencias en su apacible vivir. Germán comenzó no solo a percibirlos los cambios acontecidos en él. Si no además, en mayor o menor medida y según el interés, en todas las personas que con él se relacionaban.
Creyó darse cuenta que su novia ya no lo miraba como antes, y dudo de si alguna vez lo había mirado. Pensó en sus amigos, y se pregunto que sería de ellos. Puesto que si bien se reunían todos los fin de semana en el club y a veces hablaban por teléfono entre diario poco sabía. En algún momento dejo de interesarse o tal vez solo no participo más de sus vidas. él mismo recabo que ya no hablaba con nadie de lo deseoso que estaba porque ocurriese tal o cual hecho. Se vio inmerso en una desolada rutina, en donde los deseos, los sueños, la interacción con uno mismo y con terceros ya no eran necesarios. No existía una causa real que justificase esta situación o tal vez si. Pero Germán no podía, cegado por la aterrorizante revelación, identificar al culpable.
Así durante algún tiempo intento continuar con normalidad su vida. Todos los días se levantaba e iba a trabajar, habitualmente por la noche cena con María y si no en casa de sus padres. Los sábado iba al club y por la noche salían en parejas de amig@s y novi@s. Los domingo se quedaba en casa y normalmente iban con María al cine, pero a la tardecita. Fingió durante meses que esta abrumadora monotonía le era agradable, intento por todos los medios volver a ser el Germán de siempre y aun así le fue imposible.
Comenzó a tener inconvenientes en el trabajo, quiso mejorarlo el muy tonto. De repente le importaba que sucedía más allá de su persona, lo cual es muy bonito que exista alguien así. Pero tal vez en una película o en alguna novela de auto ayuda, se vende muy bien. Pero la verdad que al pobre Germán esta naciente solidaridad le conllevo pertenecer a la gran masa de desempleados. Obviamente no sucedió de un día para el otro, fue pasando de trabajo en trabajo. A veces se iba él otras lo echaban, pero lo cierto es que desde que palabras como equidad, justicia, honradez, empatía, etc comenzaron a ser parte real de su forma de actuar y de pensar las cosas (socialmente hablando) no le fueron muy bien. Ya no era el hombre promedio, las grande firmas ya no le daban crédito. Gracioso era verlo por aquel entonces, intentando encontrarse. Barbudo y desarreglado caminando cabizbajo sin rumbo fijo, inmerso en vaya a saber uno que pensamientos.
Decidió terminar con su novia, ya no le quería esa fue su excusa. Al menos la oficial, ya que en verdad le resultaba insoportable. Su pasividad, su falta de conciencia para con la vida. Realmente María no era una mala chica, pero es la prototipo Barbie y como toda Barbie necesita un Ken a su lado, lo cual Germán pudo satisfacer durante años. Más ahora no, puesto que se encontraba en la difícil tarea de ser egocéntrico, individualista y egoísta pero sin culpa. Necesitaba ser lo único que le importase, no tenía ganas ni energía para ocuparse de terceros. Y no confundir que en este relato no hay nadie deprimido o melancólico, no es una historia triste. La cuestión es que después de toda tormenta viene la calma, y es exactamente lo que le sucedió al joven abogado. Imagina que un día te despiertas y te das cuenta que tu vida apesta, que ni por asomo se asemeja a la que añorabas no hace mucho tiempo atrás. Imagina que las opciones, que según tus creencias, ideales y civismo, más acertadas para retomar el rumbo perdido en realidad conlleven a que se derrumbe todo lo que significa tu vida. Tremendo golpe para la mayoría de las personas, y Germán tampoco es la excepción.
Durante este proceso recibió ayuda, fue el cuidado y comprensión de sus progenitores. Estos últimos entendían a su hijo, ya que en algún momento de sus vidas se encontraron en situaciones de similares características. Intentando comprender, como Germán, si tanto esfuerzo por llegar a ser, era correspondido por las pequeñas satisfacciones diarias. Pero a diferencia de su hijo sus caminos ya habían sido trazados. Por elección propia uno de ellos sobrevive en lo cotidiano a base de alcohol y ansiolíticos y el otro encontró la manera de abstraerse de la realidad y que esto no tenga como consecuencia una larga estadía en algún manicomio.
Germán amaba a sus padres, y la conciencia sobre esta situación, en más de una ocasión, le provocaba dolores de cabeza. Pero, como ya se ha mencionado, la percepción de las cosas para él se habían modificado. Comenzó a sentir orgullo y admiración por estas dos personas, que con sus aciertos y desaciertos habían encontrado la forma de sobrellevar lo que a él se le hacia imposible. Hacer frente a todas las consecuencias que una vida consciente conlleva es una tarea que no muchos pueden o quieren hacer. Y a la que Germán se sentía obligado a realizar.
Meses necesito para dar forma al rompe cabeza en que se había convertido, poco a poco las piezas fueron encajando para finalmente reflejar la imagen que él tanto añoraba. O el menos eso creyó.
viernes 8 de febrero de 2008
Lluvia
Siempre has sido las caricias que he necesitado.
Durante el día o la noche me he cobijado dentro tuyo,
y con tu dulzura me he llenado.
Hoy estoy necesitado de ti,
pero se que no acudes solo por ser llamada.
Durante el día o la noche me he cobijado dentro tuyo,
y con tu dulzura me he llenado.
Hoy estoy necesitado de ti,
pero se que no acudes solo por ser llamada.
Cosas que siempre te dije
Luego de un sueño te descubrí.
Tu aroma en las sabanas te delato,
el sabor de ti en mi boca perduro indescriptiblemente.
Mi cuerpo deseoso te busca, pero no encuentra más que restos de lo que fue una pasión.
Todavía hoy mis manos temblorosas se despiertan.
Y mis ojos por la noche cansados ya de llorar,
buscan alguna sombra de tu recuerdo.
No te encuentro,
fatigado ya solo me empuja mi pena.
Solo confío en el tiempo para que mi corazón madure.
Y mi mente deje de soñar.
Tu aroma en las sabanas te delato,
el sabor de ti en mi boca perduro indescriptiblemente.
Mi cuerpo deseoso te busca, pero no encuentra más que restos de lo que fue una pasión.
Todavía hoy mis manos temblorosas se despiertan.
Y mis ojos por la noche cansados ya de llorar,
buscan alguna sombra de tu recuerdo.
No te encuentro,
fatigado ya solo me empuja mi pena.
Solo confío en el tiempo para que mi corazón madure.
Y mi mente deje de soñar.
domingo 3 de febrero de 2008
Proyecto de colaboracion: Colors Notebook

“COLORS NOTEBOOK PROJECT”.
In collaboration with Confusion Group (YOPO):
Rafael Bertone, Baltazar Rodes, Martin Bochicchio, Eduardo Bertone and also text by: Nuria Gil and Lina Nadal. It was part of an art group exhibition: “Fabrica: les yeux ouverts” (Eyes Wide Open) at Triennale di Milano / 15.07.07
& Shanghai Art Museum / 09.07.
lunes 4 de junio de 2007
Me convertire en Buda

Durante años fui generando cambios en mi persona que mi conciencia engañaba y ocultaba, utilizando ideales preconcebidos. Aquellos que se maman desde pequeño y que en muchos casos son los culpables de nuestras limitaciones y miedos en aceptar lo que somos y en hacer frente a lo que queremos ser.
Mi fui despojando de todo, sin siquiera preverlo. Poco a poco con el correr de los años fui dejando a mi paso pertenencias, o al menos en su momento las consideraba como tales. Las mismas eran mi imagen, lo que yo significaba antes los ojos del mundo. Una a una las abandone o perdí hasta que hoy muy poco me queda de aquel reflejo.
Mi aprendizaje empezó sin previo aviso, luego comprendí que cualquier enseñanza comienza con una búsqueda. Mi peregrinar, creo yo, fue el inicio y durante algún tiempo el móvil. Hoy ya no me interesa peregrinar y por ello he aceptado lo que soy, pero ahora me encuentro en la difícil tarea de lograr ser aquello que el mundo ve.
Don Ramon - vida perra
“No lo compres” repetía por octava vez y de la única manera que la señora K podía, debido a sus tajantes palabras.
Pero mejor no, no desde allí, ya que la historia (mi historia) no comenzó así.
Era verano, luego me entere que es el nombre que se le da a la sucesión de días cuyas temperaturas oscilan en calores agobiantes y otros no tanto. Pero bueno era verano, como decía, y sentí por primera vez.
Era todo muy confuso y pegajoso. Recuerdos de lenguas y pelos, mucha luz y el respirar. Estaba vivo, había nacido junto a otros tres cachorros. Se ve que los perros nacemos así, en manada.
Recuerdo haber jugado y peleado con mis tres hermanos. Pero no por mucho tiempo, recuerdo haberme preocupado pues iban desapareciendo con el correr de los días. Hasta que finalmente comprendí que no desaparecían si no que los compraban. Fue el mismo día que me vendieron, esas situaciones que en la vida se dan.
Habían pasado algunos meses de mi nacimiento y ya por ese entonces mi necesidad de correr estaba presente. Recuerdo grandes carreras en las que el triunfo no solo significaba esa gloria momentánea que te da la victoria, si no el premio mas preciado el de obtener el rincón más protegido de la abrigada barriga de mi madre.
Llegue a casa un día de semana, el verano se había retirado y dejó paso al perezoso otoño. No era muy tarde, pues quedaban los destellos de lo que fue una tarde soleada. Y para mi sorpresa, yo me fui convertido en todo un acontecimiento. En casa me esperaba con creciente impaciencia mi futura familia. Entre besos, abrazos, caricias, algún que otro tirón de pelo del bebe y exclamaciones diversas me dieron la bienvenida. Finalmente me depositaron en el suelo, y yo, acongojado todavía por la tremenda sorpresa, hice lo único que supe hacer… correr.
Mis largas carreras en esa casa deparaban tropiezos y hasta caídas, objetos rotos y cables arrancados mayormente. Lo que me conllevaba largas penitencias en el llamado patio-balcón, una superficie de baldosa sin reparo alguno de tres metros de largo por otros dos metros de ancho. A base de agua y alimento balanceado. Pero lo más terrible de esos interminables castigos era la imposibilidad de correr, las dimensiones no lo permitían.
La tremenda necesidad de moverme que me invadía y controlaba fue la causa principal del rechazo que provoque. Atolondrado, sumamente inquieto, atropellado fueron algunos de los adjetivos más benévolos que recibía en lo cotidiano.
El tiempo transcurrió y mi vida comenzó a sufrir cambios. Las consecuencias de mi accionar fueron en aumento, lo que antes era mi penitencia poco a poco se fue convirtiendo en mi realidad. Rara vez algunos de mis dueños se apiadaba y junto con la correa salíamos a dar un paseo.
Una tarde en la que me encontraba oliendo unos trozos de madera en el parque, una ráfaga de viento hizo mover los pelos que caen sobre mis ojos. Provocando mi sorpresa, ya que aquella ráfaga era debida a la veloz carrera que tres perros (en realidad dos machos y una hembra) desarrollaban con evidente alegría. Por un momento mi corazón se paralizó, la belleza que ante mí se presentaba como una simple carrera desató todo aquello que durante años se esforzaron por apaciguar y porque no anular. Fue ese día, lo recuerdo bien, donde comenzó nuevamente mi vida. Sin hacerse esperar mis patas se movieron con gran velocidad, y en una carrera me encontré. Nunca tuve una sonrisa semejante, el solo hecho de volver a correr la hizo posible. Tal vez me precipite, puesto que tamaña reacción no era esperada por mi paseante, que a gritos que se desvanecían a medida que me alejaba proclamaba por mi regreso. Pero la fuerza de mi carrera me aturdió, hasta que finalmente aquella voz desapareció.
Me encontré solo y perdido, sentía demasiado tanto que me era todo ajeno y confuso. Mi inagotable carrera me hizo sentir vivo y las consecuencias de tan maravillosa sensación no tardaron, fueron un suceder de días bastante inciertos. Recuerdo finalmente despertar despacio, progresivamente fui comprendiendo y ordenando todo lo que me había sucedido. Mi estomago se quejaba, estaba descuidado y sucio. Aun así mi sonrisa se mantenía.
Demasiado tiempo viviendo una vida que no me pertenecía, que me fue impuesta. Y yo, agradecido tal vez, la acepte. Me encontré lleno de vicios y era sumamente critico, me avergonzaba realmente. Lo mas llamativo era que consciente de todo esto aun así extrañaba casa.
Fue una época de descubrimientos, me había habituado a ser dependiente, a no preocuparme que iba a comer o donde iba a dormir. Y como con un relámpago me ilumine, descubrir que el comer, donde dormir o que hacer durante todo un día y una noche eran necesidades tan básicas como el respirar pero no tan simples de conseguir. Entender que el frió sin abrigo o el calor sin la oportunidad de refrescarse son circunstancias que uno padece y sufre. Fueron una de las tantas consecuencias que mi carrera, que comenzó en aquel parque, hizo que viviese. Centenares de días de duro aprendizaje y noches de interminable reflexión, lograron poco a poco que el frió no sea tan frió y el calor no sea tan calor. Que el hambre se convierta en comida y que el descansar me relaje. Fue un proceso largo donde también descubrí el significado de la amistad, el compromiso y el respeto. Palabras que me enorgullecen pero que lamentablemente para poder comprenderlas tuve que familiarizarme con las antitesis de las mismas.
Recuerdo cuando conocí a Tomás, un perro callejero puro y duro. Yo, como era costumbre en esa época, me encontraba vagando cerca de los restaurantes más precisamente en los basurales de éstos. Y él como de costumbre también.
Nos entendimos rápidamente , cada uno en lo suyo sin pensar en sacar ventaja del otro. Revolvimos y olfateamos ese gran basural en busca de restos de alimentos. Será por fortuna o tal vez el destino festejaba nuestro encuentro pero de entre los desperdicios un pollo asado nos esperaba. Tomás lo encontró, aun así lo compartió conmigo. Una especie de acuerdo se hizo entre nosotros sin siquiera preverlo. Comimos hasta saciarnos, y ya con el cuerpo pesado por la abundante comida ambos nos dormimos.
Fue entonces donde comenzó mi aprendizaje, Tomás se convirtió en mi guía y protector. Fue mi primer y mejor amigo, éramos inseparables donde él estaba iba yo y así a la inversa. Juntos siempre robábamos la comida de los camiones de reparto, nos turnábamos. Tomás me enseño como, mientras uno distraía a los repartidores con algunas pirueta el otro sacaba del refrigerador algo que comer. Me mostró como protegernos del cruel invierno, igual yo por mi inmadurez como en tantas ocasiones no hice caso. Y a pesar de sus consejos sobre la importancia de evitar mojarme en épocas de lluvias, una tarde salí a jugar bajo un manto de agua. Claro, fue divertido. El parque estaba desierto y por la abundante agua que caía la tierra era resbaladiza y grandes charcos se intercalaban. Durante horas estuve allí corriendo, jugando con el lodo. Camino de regreso ya la debilidad de mi cuerpo mojado me llamo la atención. Y para cuando hubiese llegado volaba de fiebre, de no ser por los cuidados de mi querido amigo la enfermedad me hubiese matado. Fue una imprudencia, ahora lo sé. Pero en ese momento todavía existía en mi la inocencia que caracteriza al inexperimentado. Días tarde en recuperar un estado saludable, por fortuna de mi alimentación y abrigo se encargo Tomás. Ese perro que en apariencia de nada puede jactarse, es de las almas más generosas que he conocido y a quien debo más de lo que jamás podré pagar.
El arrepentimiento por lo acontecido hizo que me convirtiese en un pupilo ejemplar, obedecía al pie de la letra todo a lo que a Tomás se refería. De sus necesidades y enseñanzas estaba pendiente. Solo cuando apareció ella esta actitud se modificó. Fue un día como cualquier otro, con Tomás habíamos planeado una excursión por el mercado. Un lugar gigantesco donde la venta al por mayo de alimentos se concreta. Interminables puesto de comida se acomodan en hileras, el lugar perfecto para llenarse la barriga.
Caminábamos por los pasillo, intentando pasar desapercibidos a los ojos de las personas que por allí circulaban, en busca de la oportunidad de hacernos con un banquete. Entonces la vi, detrás de un montón de cajas recostada sobres sus patas con los parpados a medio cerrar. Paresia desconocer el barullo que la rodeaba. Al verla me sumergí como en un sueño, que fue interrumpido por el golpe en mi hocico de un rodaja de carne que Tomás me lanzo luego de robarla. Los gritos del vendedor y el hecho de que al intentar escapar del lugar atropellamos todo lo que por delante se nos puso. Hizo sobresaltar a mi amada, la cual me regalo un sonrisa al pasar velozmente por su lado.
A Tomás no le paso desapercibido este hecho, por el cual fui el centro de las bromas durante varios días. Realmente no me molesto, mi mente solo se ocupo de grabar la imagen de la que se convirtió en el amor de mi vida.
A la semana siguiente de este fugaz encuentro. Decidimos, visiblemente motivados por mi interés de volver a verla, regresar al mercado. Pero al llegar nos encontramos sorpresivamente que el ingreso al mismo había sufrido inconvenientes modificaciones. Pancho el viejo guardia, un perro que denotaba restos de una juventud vigorosa pero que con el correr de los años su bravura se convirtió lentamente en pesadez, se jubilo. Al parecer, los acontecimientos provocados por dos perros vándalos hicieron que los humanos pasaran a retiro al bueno de Pancho y pusieron en su lugar a Satán, Goliat y Gran Danés. Tres bestias sedientas de sangre, perros que rondarían los 60 o 70 kilos con fuertes mandíbulas. Pero, como lo corroboré al intentar hablar con ellos, con cerebros diminutos. Lo suficientemente grandes para comprender que debían comer cuando se les deba comida y cuidar de que nadie ni nada ingrese al predio sin la debida autorización. Obviamente esta nueva situación complicaba de sobremanera nuestros planes, y a mi en partida doble.
Así fue como desilusionados, con la panza vacía nos retiramos con la cabeza gacha. Fue un día triste y al llegar a la cucha, aun hambrientos, me dormí. Luego, mientras me veía agobiado por una inmensa desesperanza, Tomás (como era habitual en él) utilizó sus contactos y a través de un par de chihuahuas Hugo y Manuel ( dos perro pillos que se sabían vida y obra de todos en la ciudad) pudo dar con el paradero del viejo guardia. Se ve que, según le comentaron estos dos, Pancho logro cumplir su sueño. Luego de una vida de arduo trabajo pudo retirarse a las afueras de la ciudad. Tomás me contó sobre este lugar, es una zona donde grandes extensiones de verde pastizal y una suave brisa de aire se unen para adornar a la calida luz del día. No conozco perro que no quiera ir allí, igualmente no conozco a ninguno que allá ido. Aún así la esperanza se abrió paso, sentía un incontrolable impulso. Debía hallar a Pancho y de esa manera, tal vez, encontrar a mi amor. Fue la última vez que vi a Tomás y sin saberlo me despedí con un simple hasta luego.
Comencé mi viaje con poca información, ya que solo sabia el nombre de la región donde se encontraba Pancho. Pero tenia una gran ilusión, era joven todavía, las aventuras y lo desconocido despertaban en mi un inmenso interés. Llovía cuando emprendí viaje, debía seguir las vías del tren en dirección norte hasta que la ciudad no se vislumbre más. Esas eran las indicaciones y las seguí sin titubear, a medida que me alejaba el panorama se volvía más siniestro y deteriorado. La gran urbe se levantaba dejando a su alrededor lo que quiso y no llego a ser, hombres y animales viviendo en condiciones de desamparo. Nunca olvide esas imagines , la ignorancia me mostró su cara mas grotesca. Mi camino continuo y luego de esta reveladora realidad la nada me envolvió. Las vías del tren continuaban su largo andar y la sombra de la ciudad todavía resaltaba ante mis ojos. Continué entonces, todavía pensativo, mi trayecto. Solo me detendría cuando la silueta desapareciese, al menos esa era mi intención.
Camine durante todo un día y una noche, nuevamente tuve esa sensación (ahora familiar) de no entender. Demasiada información había asimilado y necesitaba tiempo para ordenarla. El destino, una vez más, me facilito el trabajo. Al principio pensé haberlo imaginado, pero cuando llego a mis oídos por segunda y hasta una tercera vez el pronunciar de mi nombre, se adueño de mi una inmensa alegría. Era Pancho fue él el que finalmente me encontró. No se como, al parecer estuve en el momento justo y en el lugar adecuado. Fue la respuesta que obtuve del viejo sabio y la acepte sin más.
Compartí todo un invierno con Pancho, mi prematura impaciencia se fue transformando desde el comienzo. La necesidad que me invadió por comprender lo visto y vivido me obligo a relegar el objetivo que en primera instancia motivo mi salida de la ciudad.
Me entere por fin el nombre de la culpable de mi desenfreno, luz se llama y es la cocker de una familia adinerada dueña, entre otras cosas, de un sector del mercado de alimentos. Además, Pancho supo decirme el barrio donde vive la familia, aun así la búsqueda de Luz tardo en reanudarse.
Comprobé, para mi fortuna, que todo lo escuchado sobre a lo que Pancho llama campo era cierto. Interminable explanada de tierra recubierta por un verdoso pastizal y algún que otro árbol se hacia ante mi. Deleite de mis ojos y mi olfato, que ante la pureza del aire que se respiraba no finalizaba de maravillarse por la variedad de exquisitos aromas encontrados. Era realmente un paraíso y yo fui parte de él al menos un momento.
Disfrute de este lugar y de la compañía de Pancho, fue un periodo en el que la acogedora paz me embriago. Comprendí y me asombre de la belleza que se contempla en un noche estrellada, la tranquilidad que genera la calidez de una fogata y lo poderoso e importante que es el silencio.
Los días transcurrían serenos, sin planearlo nos habituamos a que el tiempo no sea tan preciso. Los momentos parecían que se extendían eternamente. Las caminatas por el campo eran habituales, generalmente las acompañábamos con conversaciones de las mas variadas. Mis preferidas eran aquellas en las que el viejo me relataba, con lujo de detalles, sus experiencias de vida. En otras ocasiones sin pronunciar palabra, inmersos en nuestros propios pensamientos, recorríamos kilómetros.
La ultima tarde que pase con el viejo Pancho, el mismo se encontraba meditativo. Tal vez por el hecho de que me partida era inminente. Me hizo acompañarlo y me pidió que escuchase, seria su despedida sin decirlo lo supe y emocionado aguarde sus palabras. Ese día me contó una historia que reflejaba el sentido de la vida, solo después de muchos años me di cuenta de ello. Ese fue su mayor regalo, me dio la posibilidad de ver. Que el comprender, como siempre me decía, era mi problema y lo tenia que resolver solo.
Por la mañana me encontré nuevamente en el camino de las vías del tren, emprendiendo mi regreso. Al momento sucumbí en una profunda reflexión y para cuando me percate de donde me encontraba me vi rodeado por la inmensa ciudad. Llegue a la anochecer y ya la primavera adornaba con sus colores las grises calles. Exhausto por el largo andar busque improvisando algún rincón para pasar la noche. Y como ésta era calida no tarde en encontrar el lugar apropiado. Me dormí pensando en que al día siguiente iría al encuentro de Tomás, hacia tiempo que no sabia de él y ansiaba verlo.
Lamentablemente esto me fue imposible, mis deseos se vieron contrariados por los dictámenes humanos. Los cuales se impusieron con brusquedad y metódica tiranía, aquella mañana mi vida volvió a modificarse. Lo que para mi significaba el regreso y reencuentro con mi hogar y mis afectos, se convirtió en mi encarcelación y posterior muerte.
Mi bienvenida vino acompañada de un collar de ahorque y palabras agresivas provenientes de dos bien instruidos agentes de control de animales del municipio. Además, de una jaula de tamaño irrisorio, sin luz natural y vistas a las tras celdas que rodeaban la mía. Allí fue donde me informaron, los otros perros también encerrados, que se avecinaban los juegos olímpicos. Los cuales se desarrollaban, en gran medida, en nuestra ciudad. Al parecer, todo aquello que no se ajustase a las exigencias del caso será (dependiendo al sector al que pertenezcas) desplazado a algún lugar mas conveniente y en aquellas circunstancias que se permita erradicado.
No era la primera vez que me encerraban, pero en esta ocasión la sensación que me invadía no se limitaba a una simple angustia. Los sollozos de los otros perros, aun hoy me despiertan y desvelan por el resto de la noche.
Dos meses, solo sesenta días era el tiempo que el estado necesitaba para convertir tu asesinato en una muerte socialmente aceptada y acordada. Durante ese lapso de tiempo se te alimentaba, higienizaba y se te liberaba media hora al día en el patio de la perrera. Al parecer para que uno se ejercitase. Mientras transcurren este par de meses esta la posibilidad que alguna persona te liberase del ingrato final. En otras palabras que te adoptasen. Lo cual es, obviamente, improbable. Puesto que la gran mayoría de los perros que allí uno encuentra no tienen raza, son adultos y como han tenido una vida de indigencia se ven con facilidad las consecuencias de una niñez con mala nutrición, soportando las inclemencias del clima y los abusos del entorno que lo rodea. Aun así, el anhelo de tal salvación es lo único que mantiene brillo alguno en la mirada de los condenados.
No puedo asegurarlo con precisión, ya que los días se sucedían sin diferencia de uno a otro. Pero habré estado encerrado un mes y medio, durante el cual el desfile de caras se hizo insoportable. El silencio, que el recién llegado aborrecía, se convertía con el correr del tiempo en nuestro mayor aliado. La necesidad de abstraerse, por los horrores allí acontecidos, nos convertía en seres indiferentes y apáticos.
Me adopto un señor algo mayor, robusto y de mirada seria. Por lo que logre escuchar cuando este le comentaba al guardia la clase de perro que necesitaba, deduje que iba a ser el escogido. Y así lo fui, el señor M (mi nuevo dueño) tenia la camioneta aparcada frente a la perrera, al llegar a ésta me indico subir en la parte trasera.
Lo ultimo que vi de mi ciudad fue desde la ventana de dicha camioneta. Fue el día en que nuevamente morí. Pero esta vez, ya sin fuerzas, lo acepte.
Pero mejor no, no desde allí, ya que la historia (mi historia) no comenzó así.
Era verano, luego me entere que es el nombre que se le da a la sucesión de días cuyas temperaturas oscilan en calores agobiantes y otros no tanto. Pero bueno era verano, como decía, y sentí por primera vez.
Era todo muy confuso y pegajoso. Recuerdos de lenguas y pelos, mucha luz y el respirar. Estaba vivo, había nacido junto a otros tres cachorros. Se ve que los perros nacemos así, en manada.
Recuerdo haber jugado y peleado con mis tres hermanos. Pero no por mucho tiempo, recuerdo haberme preocupado pues iban desapareciendo con el correr de los días. Hasta que finalmente comprendí que no desaparecían si no que los compraban. Fue el mismo día que me vendieron, esas situaciones que en la vida se dan.
Habían pasado algunos meses de mi nacimiento y ya por ese entonces mi necesidad de correr estaba presente. Recuerdo grandes carreras en las que el triunfo no solo significaba esa gloria momentánea que te da la victoria, si no el premio mas preciado el de obtener el rincón más protegido de la abrigada barriga de mi madre.
Llegue a casa un día de semana, el verano se había retirado y dejó paso al perezoso otoño. No era muy tarde, pues quedaban los destellos de lo que fue una tarde soleada. Y para mi sorpresa, yo me fui convertido en todo un acontecimiento. En casa me esperaba con creciente impaciencia mi futura familia. Entre besos, abrazos, caricias, algún que otro tirón de pelo del bebe y exclamaciones diversas me dieron la bienvenida. Finalmente me depositaron en el suelo, y yo, acongojado todavía por la tremenda sorpresa, hice lo único que supe hacer… correr.
Mis largas carreras en esa casa deparaban tropiezos y hasta caídas, objetos rotos y cables arrancados mayormente. Lo que me conllevaba largas penitencias en el llamado patio-balcón, una superficie de baldosa sin reparo alguno de tres metros de largo por otros dos metros de ancho. A base de agua y alimento balanceado. Pero lo más terrible de esos interminables castigos era la imposibilidad de correr, las dimensiones no lo permitían.
La tremenda necesidad de moverme que me invadía y controlaba fue la causa principal del rechazo que provoque. Atolondrado, sumamente inquieto, atropellado fueron algunos de los adjetivos más benévolos que recibía en lo cotidiano.
El tiempo transcurrió y mi vida comenzó a sufrir cambios. Las consecuencias de mi accionar fueron en aumento, lo que antes era mi penitencia poco a poco se fue convirtiendo en mi realidad. Rara vez algunos de mis dueños se apiadaba y junto con la correa salíamos a dar un paseo.
Una tarde en la que me encontraba oliendo unos trozos de madera en el parque, una ráfaga de viento hizo mover los pelos que caen sobre mis ojos. Provocando mi sorpresa, ya que aquella ráfaga era debida a la veloz carrera que tres perros (en realidad dos machos y una hembra) desarrollaban con evidente alegría. Por un momento mi corazón se paralizó, la belleza que ante mí se presentaba como una simple carrera desató todo aquello que durante años se esforzaron por apaciguar y porque no anular. Fue ese día, lo recuerdo bien, donde comenzó nuevamente mi vida. Sin hacerse esperar mis patas se movieron con gran velocidad, y en una carrera me encontré. Nunca tuve una sonrisa semejante, el solo hecho de volver a correr la hizo posible. Tal vez me precipite, puesto que tamaña reacción no era esperada por mi paseante, que a gritos que se desvanecían a medida que me alejaba proclamaba por mi regreso. Pero la fuerza de mi carrera me aturdió, hasta que finalmente aquella voz desapareció.
Me encontré solo y perdido, sentía demasiado tanto que me era todo ajeno y confuso. Mi inagotable carrera me hizo sentir vivo y las consecuencias de tan maravillosa sensación no tardaron, fueron un suceder de días bastante inciertos. Recuerdo finalmente despertar despacio, progresivamente fui comprendiendo y ordenando todo lo que me había sucedido. Mi estomago se quejaba, estaba descuidado y sucio. Aun así mi sonrisa se mantenía.
Demasiado tiempo viviendo una vida que no me pertenecía, que me fue impuesta. Y yo, agradecido tal vez, la acepte. Me encontré lleno de vicios y era sumamente critico, me avergonzaba realmente. Lo mas llamativo era que consciente de todo esto aun así extrañaba casa.
Fue una época de descubrimientos, me había habituado a ser dependiente, a no preocuparme que iba a comer o donde iba a dormir. Y como con un relámpago me ilumine, descubrir que el comer, donde dormir o que hacer durante todo un día y una noche eran necesidades tan básicas como el respirar pero no tan simples de conseguir. Entender que el frió sin abrigo o el calor sin la oportunidad de refrescarse son circunstancias que uno padece y sufre. Fueron una de las tantas consecuencias que mi carrera, que comenzó en aquel parque, hizo que viviese. Centenares de días de duro aprendizaje y noches de interminable reflexión, lograron poco a poco que el frió no sea tan frió y el calor no sea tan calor. Que el hambre se convierta en comida y que el descansar me relaje. Fue un proceso largo donde también descubrí el significado de la amistad, el compromiso y el respeto. Palabras que me enorgullecen pero que lamentablemente para poder comprenderlas tuve que familiarizarme con las antitesis de las mismas.
Recuerdo cuando conocí a Tomás, un perro callejero puro y duro. Yo, como era costumbre en esa época, me encontraba vagando cerca de los restaurantes más precisamente en los basurales de éstos. Y él como de costumbre también.
Nos entendimos rápidamente , cada uno en lo suyo sin pensar en sacar ventaja del otro. Revolvimos y olfateamos ese gran basural en busca de restos de alimentos. Será por fortuna o tal vez el destino festejaba nuestro encuentro pero de entre los desperdicios un pollo asado nos esperaba. Tomás lo encontró, aun así lo compartió conmigo. Una especie de acuerdo se hizo entre nosotros sin siquiera preverlo. Comimos hasta saciarnos, y ya con el cuerpo pesado por la abundante comida ambos nos dormimos.
Fue entonces donde comenzó mi aprendizaje, Tomás se convirtió en mi guía y protector. Fue mi primer y mejor amigo, éramos inseparables donde él estaba iba yo y así a la inversa. Juntos siempre robábamos la comida de los camiones de reparto, nos turnábamos. Tomás me enseño como, mientras uno distraía a los repartidores con algunas pirueta el otro sacaba del refrigerador algo que comer. Me mostró como protegernos del cruel invierno, igual yo por mi inmadurez como en tantas ocasiones no hice caso. Y a pesar de sus consejos sobre la importancia de evitar mojarme en épocas de lluvias, una tarde salí a jugar bajo un manto de agua. Claro, fue divertido. El parque estaba desierto y por la abundante agua que caía la tierra era resbaladiza y grandes charcos se intercalaban. Durante horas estuve allí corriendo, jugando con el lodo. Camino de regreso ya la debilidad de mi cuerpo mojado me llamo la atención. Y para cuando hubiese llegado volaba de fiebre, de no ser por los cuidados de mi querido amigo la enfermedad me hubiese matado. Fue una imprudencia, ahora lo sé. Pero en ese momento todavía existía en mi la inocencia que caracteriza al inexperimentado. Días tarde en recuperar un estado saludable, por fortuna de mi alimentación y abrigo se encargo Tomás. Ese perro que en apariencia de nada puede jactarse, es de las almas más generosas que he conocido y a quien debo más de lo que jamás podré pagar.
El arrepentimiento por lo acontecido hizo que me convirtiese en un pupilo ejemplar, obedecía al pie de la letra todo a lo que a Tomás se refería. De sus necesidades y enseñanzas estaba pendiente. Solo cuando apareció ella esta actitud se modificó. Fue un día como cualquier otro, con Tomás habíamos planeado una excursión por el mercado. Un lugar gigantesco donde la venta al por mayo de alimentos se concreta. Interminables puesto de comida se acomodan en hileras, el lugar perfecto para llenarse la barriga.
Caminábamos por los pasillo, intentando pasar desapercibidos a los ojos de las personas que por allí circulaban, en busca de la oportunidad de hacernos con un banquete. Entonces la vi, detrás de un montón de cajas recostada sobres sus patas con los parpados a medio cerrar. Paresia desconocer el barullo que la rodeaba. Al verla me sumergí como en un sueño, que fue interrumpido por el golpe en mi hocico de un rodaja de carne que Tomás me lanzo luego de robarla. Los gritos del vendedor y el hecho de que al intentar escapar del lugar atropellamos todo lo que por delante se nos puso. Hizo sobresaltar a mi amada, la cual me regalo un sonrisa al pasar velozmente por su lado.
A Tomás no le paso desapercibido este hecho, por el cual fui el centro de las bromas durante varios días. Realmente no me molesto, mi mente solo se ocupo de grabar la imagen de la que se convirtió en el amor de mi vida.
A la semana siguiente de este fugaz encuentro. Decidimos, visiblemente motivados por mi interés de volver a verla, regresar al mercado. Pero al llegar nos encontramos sorpresivamente que el ingreso al mismo había sufrido inconvenientes modificaciones. Pancho el viejo guardia, un perro que denotaba restos de una juventud vigorosa pero que con el correr de los años su bravura se convirtió lentamente en pesadez, se jubilo. Al parecer, los acontecimientos provocados por dos perros vándalos hicieron que los humanos pasaran a retiro al bueno de Pancho y pusieron en su lugar a Satán, Goliat y Gran Danés. Tres bestias sedientas de sangre, perros que rondarían los 60 o 70 kilos con fuertes mandíbulas. Pero, como lo corroboré al intentar hablar con ellos, con cerebros diminutos. Lo suficientemente grandes para comprender que debían comer cuando se les deba comida y cuidar de que nadie ni nada ingrese al predio sin la debida autorización. Obviamente esta nueva situación complicaba de sobremanera nuestros planes, y a mi en partida doble.
Así fue como desilusionados, con la panza vacía nos retiramos con la cabeza gacha. Fue un día triste y al llegar a la cucha, aun hambrientos, me dormí. Luego, mientras me veía agobiado por una inmensa desesperanza, Tomás (como era habitual en él) utilizó sus contactos y a través de un par de chihuahuas Hugo y Manuel ( dos perro pillos que se sabían vida y obra de todos en la ciudad) pudo dar con el paradero del viejo guardia. Se ve que, según le comentaron estos dos, Pancho logro cumplir su sueño. Luego de una vida de arduo trabajo pudo retirarse a las afueras de la ciudad. Tomás me contó sobre este lugar, es una zona donde grandes extensiones de verde pastizal y una suave brisa de aire se unen para adornar a la calida luz del día. No conozco perro que no quiera ir allí, igualmente no conozco a ninguno que allá ido. Aún así la esperanza se abrió paso, sentía un incontrolable impulso. Debía hallar a Pancho y de esa manera, tal vez, encontrar a mi amor. Fue la última vez que vi a Tomás y sin saberlo me despedí con un simple hasta luego.
Comencé mi viaje con poca información, ya que solo sabia el nombre de la región donde se encontraba Pancho. Pero tenia una gran ilusión, era joven todavía, las aventuras y lo desconocido despertaban en mi un inmenso interés. Llovía cuando emprendí viaje, debía seguir las vías del tren en dirección norte hasta que la ciudad no se vislumbre más. Esas eran las indicaciones y las seguí sin titubear, a medida que me alejaba el panorama se volvía más siniestro y deteriorado. La gran urbe se levantaba dejando a su alrededor lo que quiso y no llego a ser, hombres y animales viviendo en condiciones de desamparo. Nunca olvide esas imagines , la ignorancia me mostró su cara mas grotesca. Mi camino continuo y luego de esta reveladora realidad la nada me envolvió. Las vías del tren continuaban su largo andar y la sombra de la ciudad todavía resaltaba ante mis ojos. Continué entonces, todavía pensativo, mi trayecto. Solo me detendría cuando la silueta desapareciese, al menos esa era mi intención.
Camine durante todo un día y una noche, nuevamente tuve esa sensación (ahora familiar) de no entender. Demasiada información había asimilado y necesitaba tiempo para ordenarla. El destino, una vez más, me facilito el trabajo. Al principio pensé haberlo imaginado, pero cuando llego a mis oídos por segunda y hasta una tercera vez el pronunciar de mi nombre, se adueño de mi una inmensa alegría. Era Pancho fue él el que finalmente me encontró. No se como, al parecer estuve en el momento justo y en el lugar adecuado. Fue la respuesta que obtuve del viejo sabio y la acepte sin más.
Compartí todo un invierno con Pancho, mi prematura impaciencia se fue transformando desde el comienzo. La necesidad que me invadió por comprender lo visto y vivido me obligo a relegar el objetivo que en primera instancia motivo mi salida de la ciudad.
Me entere por fin el nombre de la culpable de mi desenfreno, luz se llama y es la cocker de una familia adinerada dueña, entre otras cosas, de un sector del mercado de alimentos. Además, Pancho supo decirme el barrio donde vive la familia, aun así la búsqueda de Luz tardo en reanudarse.
Comprobé, para mi fortuna, que todo lo escuchado sobre a lo que Pancho llama campo era cierto. Interminable explanada de tierra recubierta por un verdoso pastizal y algún que otro árbol se hacia ante mi. Deleite de mis ojos y mi olfato, que ante la pureza del aire que se respiraba no finalizaba de maravillarse por la variedad de exquisitos aromas encontrados. Era realmente un paraíso y yo fui parte de él al menos un momento.
Disfrute de este lugar y de la compañía de Pancho, fue un periodo en el que la acogedora paz me embriago. Comprendí y me asombre de la belleza que se contempla en un noche estrellada, la tranquilidad que genera la calidez de una fogata y lo poderoso e importante que es el silencio.
Los días transcurrían serenos, sin planearlo nos habituamos a que el tiempo no sea tan preciso. Los momentos parecían que se extendían eternamente. Las caminatas por el campo eran habituales, generalmente las acompañábamos con conversaciones de las mas variadas. Mis preferidas eran aquellas en las que el viejo me relataba, con lujo de detalles, sus experiencias de vida. En otras ocasiones sin pronunciar palabra, inmersos en nuestros propios pensamientos, recorríamos kilómetros.
La ultima tarde que pase con el viejo Pancho, el mismo se encontraba meditativo. Tal vez por el hecho de que me partida era inminente. Me hizo acompañarlo y me pidió que escuchase, seria su despedida sin decirlo lo supe y emocionado aguarde sus palabras. Ese día me contó una historia que reflejaba el sentido de la vida, solo después de muchos años me di cuenta de ello. Ese fue su mayor regalo, me dio la posibilidad de ver. Que el comprender, como siempre me decía, era mi problema y lo tenia que resolver solo.
Por la mañana me encontré nuevamente en el camino de las vías del tren, emprendiendo mi regreso. Al momento sucumbí en una profunda reflexión y para cuando me percate de donde me encontraba me vi rodeado por la inmensa ciudad. Llegue a la anochecer y ya la primavera adornaba con sus colores las grises calles. Exhausto por el largo andar busque improvisando algún rincón para pasar la noche. Y como ésta era calida no tarde en encontrar el lugar apropiado. Me dormí pensando en que al día siguiente iría al encuentro de Tomás, hacia tiempo que no sabia de él y ansiaba verlo.
Lamentablemente esto me fue imposible, mis deseos se vieron contrariados por los dictámenes humanos. Los cuales se impusieron con brusquedad y metódica tiranía, aquella mañana mi vida volvió a modificarse. Lo que para mi significaba el regreso y reencuentro con mi hogar y mis afectos, se convirtió en mi encarcelación y posterior muerte.
Mi bienvenida vino acompañada de un collar de ahorque y palabras agresivas provenientes de dos bien instruidos agentes de control de animales del municipio. Además, de una jaula de tamaño irrisorio, sin luz natural y vistas a las tras celdas que rodeaban la mía. Allí fue donde me informaron, los otros perros también encerrados, que se avecinaban los juegos olímpicos. Los cuales se desarrollaban, en gran medida, en nuestra ciudad. Al parecer, todo aquello que no se ajustase a las exigencias del caso será (dependiendo al sector al que pertenezcas) desplazado a algún lugar mas conveniente y en aquellas circunstancias que se permita erradicado.
No era la primera vez que me encerraban, pero en esta ocasión la sensación que me invadía no se limitaba a una simple angustia. Los sollozos de los otros perros, aun hoy me despiertan y desvelan por el resto de la noche.
Dos meses, solo sesenta días era el tiempo que el estado necesitaba para convertir tu asesinato en una muerte socialmente aceptada y acordada. Durante ese lapso de tiempo se te alimentaba, higienizaba y se te liberaba media hora al día en el patio de la perrera. Al parecer para que uno se ejercitase. Mientras transcurren este par de meses esta la posibilidad que alguna persona te liberase del ingrato final. En otras palabras que te adoptasen. Lo cual es, obviamente, improbable. Puesto que la gran mayoría de los perros que allí uno encuentra no tienen raza, son adultos y como han tenido una vida de indigencia se ven con facilidad las consecuencias de una niñez con mala nutrición, soportando las inclemencias del clima y los abusos del entorno que lo rodea. Aun así, el anhelo de tal salvación es lo único que mantiene brillo alguno en la mirada de los condenados.
No puedo asegurarlo con precisión, ya que los días se sucedían sin diferencia de uno a otro. Pero habré estado encerrado un mes y medio, durante el cual el desfile de caras se hizo insoportable. El silencio, que el recién llegado aborrecía, se convertía con el correr del tiempo en nuestro mayor aliado. La necesidad de abstraerse, por los horrores allí acontecidos, nos convertía en seres indiferentes y apáticos.
Me adopto un señor algo mayor, robusto y de mirada seria. Por lo que logre escuchar cuando este le comentaba al guardia la clase de perro que necesitaba, deduje que iba a ser el escogido. Y así lo fui, el señor M (mi nuevo dueño) tenia la camioneta aparcada frente a la perrera, al llegar a ésta me indico subir en la parte trasera.
Lo ultimo que vi de mi ciudad fue desde la ventana de dicha camioneta. Fue el día en que nuevamente morí. Pero esta vez, ya sin fuerzas, lo acepte.
Jack Ogi
Se acercaba la fecha la fecha y la ansiedad de mis padres era insoportable. Constantemente me acosaban con preguntas de cual iba a ser mi elección. Verán, mi nombre es Jack Ogi y soy un miembro de una familia de hormigas que por generaciones dedicaron su vida a la rama obrera del reino. Y resulta que en dos días debo decidir que especialidad de entre todas las que hay (dos) voy a elegir. Esto que visto desde afuera parece simple, es la decisión mas importante de mi corta vida puesto que una vez tomada no hay vuelta atrás. Igualmente mis opciones se limitan por las influencias de mis progenitores, que por parte paterna quieren que sea carpintero y por parte materna albañil. Al ser una decisión de mucha relevancia opte por lo sano, y elegí aquella especialidad que se dicta lo mas lejos de casa.
Al enterarse mi madre se puso contenta por sentirse victoriosa y a la vez triste por mi próxima lejanía, mi padre no comento nada al respecto.
Pues bien llego el día y partí hacia el mar. El hormiguero estaba cerca de la playa, seria duro el trabajo bajo el sol pero al menos conocería el océano. Llegue junto a la gran mayoría de los estudiantes de primer año, el día d. Gracioso es ver las interminables espera por recibir la acreditación de estudiante y el numero de habitación que a cada uno le corresponde. La siete fue la ganadora, y allí deposite mis pertenencias tres años iba a quedarme pero mi maleta aparentaba, gracias a la colaboración de mi madre, que me mudaba para siempre. Una vez que me hube acomodado y como mi compañero de cuarto no había llegado, pensé salir y conocer un poco mi nuevo hogar.
Extraordinaria fantasía presencie y viví, en uno de los jardines una gota de miel resplandecía bajo el calido sol y entremezclándose en ese delicioso elixir un centenar de patas y antenas. Una orgía, y de las buenas, se desataba. Sin perder el tiempo me sumergí en ese éxtasis, lamí, chupe, acaricie, toque y penetre. Eso y más hice y me hicieron, durante horas se prolongo la orgásmica experiencia y ya saciado volví a mi habitación. Donde encontré una nota de mi compañero avisándome que se había derramado una gota de miel en el jardín. jejeje! creo que me llevare bien con este tío.
Al enterarse mi madre se puso contenta por sentirse victoriosa y a la vez triste por mi próxima lejanía, mi padre no comento nada al respecto.
Pues bien llego el día y partí hacia el mar. El hormiguero estaba cerca de la playa, seria duro el trabajo bajo el sol pero al menos conocería el océano. Llegue junto a la gran mayoría de los estudiantes de primer año, el día d. Gracioso es ver las interminables espera por recibir la acreditación de estudiante y el numero de habitación que a cada uno le corresponde. La siete fue la ganadora, y allí deposite mis pertenencias tres años iba a quedarme pero mi maleta aparentaba, gracias a la colaboración de mi madre, que me mudaba para siempre. Una vez que me hube acomodado y como mi compañero de cuarto no había llegado, pensé salir y conocer un poco mi nuevo hogar.
Extraordinaria fantasía presencie y viví, en uno de los jardines una gota de miel resplandecía bajo el calido sol y entremezclándose en ese delicioso elixir un centenar de patas y antenas. Una orgía, y de las buenas, se desataba. Sin perder el tiempo me sumergí en ese éxtasis, lamí, chupe, acaricie, toque y penetre. Eso y más hice y me hicieron, durante horas se prolongo la orgásmica experiencia y ya saciado volví a mi habitación. Donde encontré una nota de mi compañero avisándome que se había derramado una gota de miel en el jardín. jejeje! creo que me llevare bien con este tío.
Los 7 Lagos
“Transforma y genera, el poder de la vida”.
Los árboles creen en esto, conozco algunos y me han confiado su filosofía. Al parecer, según he oído, no siempre fue así. Pues la sabiduría tardó en aparecer.
Hace mucho mucho tiempo, era época de grandes ideales que se defendían a capa y espada. Grandes batallas se desataban entre los hombres, entre hombres y naturaleza y entre la naturaleza a causa de estas dogmáticas creencias.
Según me contaron era momento de mucha incertidumbre entre los árboles, la sequía era abrumadora y el miedo y la desconfianza se hacía presente en todos los integrantes de los bosques. Los años de grandes lluvias ya no abundaban y la escasez de agua era de una gravedad alarmante, tanto así que se decidió convocar a la asamblea real.
Dicha asamblea es la más importante de entre todas y en las ramas de sus participantes se encuentra el futuro de los bosques, pero lo más alarmante es que nunca jamás se estuvo ante la necesidad de convocarla. Y al hacerlo, no sólo se insta a concurrir a los árboles en jefe de todas las variedades sino que todos los seres de los bosques durante el tiempo que dure la asamblea no pueden continuar con normalidad sus vidas. El árbol en jefe, en este caso, era el más viejo de cada bosque y por lo que se supone el más capacitado para decidir sobre el bienestar de todos sus integrantes.
Como les decía, la asamblea real se desarrolla en el pico más alto de la región. Es donde deben concurrir todos los jefes al caer la tercera luna luego de la última lluvia. Varios meses pasaron hasta que la tormenta ocurrió y la tercera luna llegó junto al estruendo ocasionado por el andar de los gigantes de madera.
La reunión comenzaba, y aquí es donde las versiones por mí escuchadas sobre el desarrollo de los acontecimientos comienzan a diferir. No queda muy claro, algunos dicen que dicho encuentro no fue un suceso de relevancia por los acontecimientos que luego se desataron, y otros por el contrario le dan una importancia suprema.
Si bien recuerdan, les comenté que entre hombres y la naturaleza se habían desatado guerras. Pues gracias a éstas grandes viejos árboles fallecieron, lo cual se tradujo a que árboles más jóvenes tomasen el mando de su especie. Provocando que en el encuentro realizado se hicieran presentes árboles jefes de edades muy dispares. tanto así que el más viejo superaba con demasía los 800 años y el más joven apenas rozaba los 150 años.
Ya al comienzo los jóvenes, como los Pinsapos, cedro del Líbano y pinos de todas las clases se agruparon entre sí buscando las similitudes con sus pares y de la misma manera actuaron los más viejos, como son encinas, quejidos, arces o sequoias. Conformando entonces dos grupos bien definidos en un encuentro común.
La asamblea se desarrolló según lo acordado, ya que el tema a tratar era de suma importancia todos los participantes arribaron a la hora pautada en el lugar fijado.
La falta de agua era un mal apremiante para todos los clanes y se debía buscar una solución. Las opiniones al respecto de los pasos a seguir eran diversas, muchos de los jóvenes a causa de su inexperiencia y exceso de energía se inclinaban por acciones desprovistas de previa reflexión. Por otra parte los más viejos, tal vez por cansancio, no expresaron con firme autoridad su sabiduría. Así estuvieron reunidos durante 50 lunas, hasta que finalmente ya exhaustos y a causa de las características de la época la opción elegida fue la guerra.
Pero…Cómo es que se llego a esta elección?
Para ese entonces las cabezas de cada familia conservaban la tradición de tomar y no pedir. “Eran árboles fuertes, grandes y según se creían sabios debido a sus largos años de vida”. Se veían así y entonces por qué no serlo, se repetían unos a otros.
Pues bien… guerra pues…
Pero contra quién y por qué??
La altura de los árboles y el hecho de estar en el pico más alto de la región hizo que muchos de ellos repararan en la existencia de profundas concentraciones de agua en lugares no muy lejanos. Del tipo dulce y cristalino, aquel que genera vida con mucha sencillez y prontitud.
Ante tal revelación los árboles enceguecieron de alegría, la emoción que generaba el solo hecho de imaginar las consecuencias que se originarían si se consiguiese el acceso a dicha riqueza eran indescriptible.
El caso fue que se resolvió lograr ese objetivo a cualquier precio, “era por asegurar la supervivencia de la especie” se comentaba. Tenía vital importancia encontrar responsables, era preciso actuar con premura pues el mal de la desolación acechaba y la autoridad y credibilidad de los jefes árbol estaba en juego.
Se concluyó, sin mediar duda alguna, que dichas concentraciones de agua estaban controladas por las montañas. Puesto que las mismas, gracias a su bestial tamaño, impedían el paso del agua a mayor territorio impidiendo su utilización como se creía más conveniente.
Los árboles actuaron inmediatamente y sin previo aviso embistieron con furia y garra a los gigantes de roca. Las montañas, por su parte, sin siquiera pensar respondieron a este ataque con la misma furia y garra que los árboles. Las colosales piedras también se veían con los derechos de tomar lo que quisiesen cuándo y dónde les apetecía por lo que su inmensa sorpresa debida al ataque sólo se igualó al odio desatado para con los árboles.
Fue una guerra fea y sucia según cuentan, duró mil lunas llenas lo cual es mucho tiempo. Mucho más de lo deseado, las victorias y las derrotas se sucedían tanto para un bando como para el otro. El tiempo pasó y pasó hasta que el por qué de dicha guerra se fue tornando borroso e incierto, la vida se vio transformada en pena y añoranza. La soledad, la tristeza, la pérdida y el miedo se convirtieron en la realidad de los habitantes de los bosques. Los ideales glorificados de antaño se veían deteriorados por tanta devastación. Se temía que la necedad en las decisiones derivase en la extinción de alguna especie por un lado y por el otro.
Lo llamativo era que ningún bando se proclamase victorioso, tal vez debido al prolongado y destructor enfrentamiento se consideraban derrotadas ambas fuerzas. No pudiendo, aunque así lo deseasen, hacerse con la corona de la victoria.
Llegó el buen día en el que árboles y montañas por mutuo acuerdo resolvieron no luchar más, estaban mal heridos y el cansancio impedía ya el menor movimiento. La guerra dejó devastadas sus ilusas presunciones de grandeza y sabiduría, se percataron que la desolación se había apoderado de los bosques y de sus integrantes. Árboles y montañas ya sin esperanzas y obligados por la imponente realidad se durmieron buscando la paz deseada en sus sueños. Bajaron sus pesadas guardias y cedieron a un imperturbable descanso, el cual se prolongó tanto o más que la mismísima guerra.
Tiempo después, cuando los árboles y las montañas comenzaron a despertar de su profundo sueño, la sorpresa fue la reina de las emociones. Se encontraron que el mundo que dejaron antes de sucumbir al prolongado descanso había sido transformado y porque no mejorado. En un principio no lograban entender lo sucedido hasta que un joven árbol preguntó la causa de la ya olvidada guerra y luego de un sepulcral silencio finalmente se conoció la verdad.
Al parecer la gran confusión generada por la guerra hizo que la voz del agua no se escuchase y sus nobles intenciones no recibieron la importancia tan merecida.
El agua se vio obligada a esperar y esperar a que el tiempo pasara para, tal vez, encontrar el momento oportuno para actuar, y luego de mil lunas llenas éste se presentó.
Su plan era sencillo, lo llevó acabo con una única premisa la de no destruir. En ocasiones transformar pero solo para poder generar, teniendo plena conciencia que de su quehacer dependía la vida en el mundo que llamamos tierra.
Y así fue como el agua aprovechó el tiempo en que árboles y montañas dormían filtrándose por entre ellos haciéndose de regiones enteras. Creando túneles, cascadas, ríos, etc. Provocando, sin imposición alguna, la solución deseada para ambos bandos.
Con tal abrumadora sorpresa se encontraron los durmientes.
Los árboles se vieron rodeados de flores que enaltecían con sus colores y fragancias la grandeza del bosque, habitado ahora por animales e insectos de toda índole. Se respiraba vida, la sed de agua ya no sería una preocupación.
Por su parte las montañas se vieron decoradas por una gruesa capa de agua congelada que se derretía en verano lavando sus viejas caras. Generando a su vez un espejo donde poder apreciar su inmensa presencia.
Ambos bandos perplejos ante tanta belleza y olvidando lo pasado, se preguntaban la causa de lo acontecido y el agua con parsimonia paciencia les relato con exquisito detalle lo ocurrido.
Al finalizar los árboles y las montañas le preguntaron al agua el motivo de su ayuda, inmediatamente el silencio se hizo presente y luego de un tiempo de reflexión el agua respondió:
“Yo soy gracias a vuestra existencia como así ustedes son gracias a la mía. Por lo que mis necesidades no pueden contraponerse a las de ustedes si no mas bien sumarse”.
Al escuchar estas palabras el ego de los árboles y montañas se desmoronó, su accionar les avergonzaba y la sabiduría que tanto pregonaron en el pasado enmudeció. Cayendo en cuenta que la grandeza sólo se da en la humildad y que la existencia de uno se da sólo con la existencia de otros.
Esto fue lo que mis amigos árboles me contaron y por lo que entiendo, finalmente lograron alcanzar la tan preciada sabiduría. Lo que lamentablemente no puedo decir de otras especies que también integran los bosques.
Los árboles creen en esto, conozco algunos y me han confiado su filosofía. Al parecer, según he oído, no siempre fue así. Pues la sabiduría tardó en aparecer.
Hace mucho mucho tiempo, era época de grandes ideales que se defendían a capa y espada. Grandes batallas se desataban entre los hombres, entre hombres y naturaleza y entre la naturaleza a causa de estas dogmáticas creencias.
Según me contaron era momento de mucha incertidumbre entre los árboles, la sequía era abrumadora y el miedo y la desconfianza se hacía presente en todos los integrantes de los bosques. Los años de grandes lluvias ya no abundaban y la escasez de agua era de una gravedad alarmante, tanto así que se decidió convocar a la asamblea real.
Dicha asamblea es la más importante de entre todas y en las ramas de sus participantes se encuentra el futuro de los bosques, pero lo más alarmante es que nunca jamás se estuvo ante la necesidad de convocarla. Y al hacerlo, no sólo se insta a concurrir a los árboles en jefe de todas las variedades sino que todos los seres de los bosques durante el tiempo que dure la asamblea no pueden continuar con normalidad sus vidas. El árbol en jefe, en este caso, era el más viejo de cada bosque y por lo que se supone el más capacitado para decidir sobre el bienestar de todos sus integrantes.
Como les decía, la asamblea real se desarrolla en el pico más alto de la región. Es donde deben concurrir todos los jefes al caer la tercera luna luego de la última lluvia. Varios meses pasaron hasta que la tormenta ocurrió y la tercera luna llegó junto al estruendo ocasionado por el andar de los gigantes de madera.
La reunión comenzaba, y aquí es donde las versiones por mí escuchadas sobre el desarrollo de los acontecimientos comienzan a diferir. No queda muy claro, algunos dicen que dicho encuentro no fue un suceso de relevancia por los acontecimientos que luego se desataron, y otros por el contrario le dan una importancia suprema.
Si bien recuerdan, les comenté que entre hombres y la naturaleza se habían desatado guerras. Pues gracias a éstas grandes viejos árboles fallecieron, lo cual se tradujo a que árboles más jóvenes tomasen el mando de su especie. Provocando que en el encuentro realizado se hicieran presentes árboles jefes de edades muy dispares. tanto así que el más viejo superaba con demasía los 800 años y el más joven apenas rozaba los 150 años.
Ya al comienzo los jóvenes, como los Pinsapos, cedro del Líbano y pinos de todas las clases se agruparon entre sí buscando las similitudes con sus pares y de la misma manera actuaron los más viejos, como son encinas, quejidos, arces o sequoias. Conformando entonces dos grupos bien definidos en un encuentro común.
La asamblea se desarrolló según lo acordado, ya que el tema a tratar era de suma importancia todos los participantes arribaron a la hora pautada en el lugar fijado.
La falta de agua era un mal apremiante para todos los clanes y se debía buscar una solución. Las opiniones al respecto de los pasos a seguir eran diversas, muchos de los jóvenes a causa de su inexperiencia y exceso de energía se inclinaban por acciones desprovistas de previa reflexión. Por otra parte los más viejos, tal vez por cansancio, no expresaron con firme autoridad su sabiduría. Así estuvieron reunidos durante 50 lunas, hasta que finalmente ya exhaustos y a causa de las características de la época la opción elegida fue la guerra.
Pero…Cómo es que se llego a esta elección?
Para ese entonces las cabezas de cada familia conservaban la tradición de tomar y no pedir. “Eran árboles fuertes, grandes y según se creían sabios debido a sus largos años de vida”. Se veían así y entonces por qué no serlo, se repetían unos a otros.
Pues bien… guerra pues…
Pero contra quién y por qué??
La altura de los árboles y el hecho de estar en el pico más alto de la región hizo que muchos de ellos repararan en la existencia de profundas concentraciones de agua en lugares no muy lejanos. Del tipo dulce y cristalino, aquel que genera vida con mucha sencillez y prontitud.
Ante tal revelación los árboles enceguecieron de alegría, la emoción que generaba el solo hecho de imaginar las consecuencias que se originarían si se consiguiese el acceso a dicha riqueza eran indescriptible.
El caso fue que se resolvió lograr ese objetivo a cualquier precio, “era por asegurar la supervivencia de la especie” se comentaba. Tenía vital importancia encontrar responsables, era preciso actuar con premura pues el mal de la desolación acechaba y la autoridad y credibilidad de los jefes árbol estaba en juego.
Se concluyó, sin mediar duda alguna, que dichas concentraciones de agua estaban controladas por las montañas. Puesto que las mismas, gracias a su bestial tamaño, impedían el paso del agua a mayor territorio impidiendo su utilización como se creía más conveniente.
Los árboles actuaron inmediatamente y sin previo aviso embistieron con furia y garra a los gigantes de roca. Las montañas, por su parte, sin siquiera pensar respondieron a este ataque con la misma furia y garra que los árboles. Las colosales piedras también se veían con los derechos de tomar lo que quisiesen cuándo y dónde les apetecía por lo que su inmensa sorpresa debida al ataque sólo se igualó al odio desatado para con los árboles.
Fue una guerra fea y sucia según cuentan, duró mil lunas llenas lo cual es mucho tiempo. Mucho más de lo deseado, las victorias y las derrotas se sucedían tanto para un bando como para el otro. El tiempo pasó y pasó hasta que el por qué de dicha guerra se fue tornando borroso e incierto, la vida se vio transformada en pena y añoranza. La soledad, la tristeza, la pérdida y el miedo se convirtieron en la realidad de los habitantes de los bosques. Los ideales glorificados de antaño se veían deteriorados por tanta devastación. Se temía que la necedad en las decisiones derivase en la extinción de alguna especie por un lado y por el otro.
Lo llamativo era que ningún bando se proclamase victorioso, tal vez debido al prolongado y destructor enfrentamiento se consideraban derrotadas ambas fuerzas. No pudiendo, aunque así lo deseasen, hacerse con la corona de la victoria.
Llegó el buen día en el que árboles y montañas por mutuo acuerdo resolvieron no luchar más, estaban mal heridos y el cansancio impedía ya el menor movimiento. La guerra dejó devastadas sus ilusas presunciones de grandeza y sabiduría, se percataron que la desolación se había apoderado de los bosques y de sus integrantes. Árboles y montañas ya sin esperanzas y obligados por la imponente realidad se durmieron buscando la paz deseada en sus sueños. Bajaron sus pesadas guardias y cedieron a un imperturbable descanso, el cual se prolongó tanto o más que la mismísima guerra.
Tiempo después, cuando los árboles y las montañas comenzaron a despertar de su profundo sueño, la sorpresa fue la reina de las emociones. Se encontraron que el mundo que dejaron antes de sucumbir al prolongado descanso había sido transformado y porque no mejorado. En un principio no lograban entender lo sucedido hasta que un joven árbol preguntó la causa de la ya olvidada guerra y luego de un sepulcral silencio finalmente se conoció la verdad.
Al parecer la gran confusión generada por la guerra hizo que la voz del agua no se escuchase y sus nobles intenciones no recibieron la importancia tan merecida.
El agua se vio obligada a esperar y esperar a que el tiempo pasara para, tal vez, encontrar el momento oportuno para actuar, y luego de mil lunas llenas éste se presentó.
Su plan era sencillo, lo llevó acabo con una única premisa la de no destruir. En ocasiones transformar pero solo para poder generar, teniendo plena conciencia que de su quehacer dependía la vida en el mundo que llamamos tierra.
Y así fue como el agua aprovechó el tiempo en que árboles y montañas dormían filtrándose por entre ellos haciéndose de regiones enteras. Creando túneles, cascadas, ríos, etc. Provocando, sin imposición alguna, la solución deseada para ambos bandos.
Con tal abrumadora sorpresa se encontraron los durmientes.
Los árboles se vieron rodeados de flores que enaltecían con sus colores y fragancias la grandeza del bosque, habitado ahora por animales e insectos de toda índole. Se respiraba vida, la sed de agua ya no sería una preocupación.
Por su parte las montañas se vieron decoradas por una gruesa capa de agua congelada que se derretía en verano lavando sus viejas caras. Generando a su vez un espejo donde poder apreciar su inmensa presencia.
Ambos bandos perplejos ante tanta belleza y olvidando lo pasado, se preguntaban la causa de lo acontecido y el agua con parsimonia paciencia les relato con exquisito detalle lo ocurrido.
Al finalizar los árboles y las montañas le preguntaron al agua el motivo de su ayuda, inmediatamente el silencio se hizo presente y luego de un tiempo de reflexión el agua respondió:
“Yo soy gracias a vuestra existencia como así ustedes son gracias a la mía. Por lo que mis necesidades no pueden contraponerse a las de ustedes si no mas bien sumarse”.
Al escuchar estas palabras el ego de los árboles y montañas se desmoronó, su accionar les avergonzaba y la sabiduría que tanto pregonaron en el pasado enmudeció. Cayendo en cuenta que la grandeza sólo se da en la humildad y que la existencia de uno se da sólo con la existencia de otros.
Esto fue lo que mis amigos árboles me contaron y por lo que entiendo, finalmente lograron alcanzar la tan preciada sabiduría. Lo que lamentablemente no puedo decir de otras especies que también integran los bosques.
El virus

Me encontré caminando, contemplando una ciudad desolada donde ningún indicio de vida animada se hacia presente. Entre sus calles deambulaba sin sentido u objeto que incite hacerlo, esquivando en ciertas ocasiones los coches que sin explicación se encontraban allí aparcados. Mis pasos se continuaban uno tras otro con exagerada precisión, los oía como a las agujas de un reloj. El ruido de mi andar retumbaba y producía eco en el vacío espacio.
Vi mi reflejo en los cristales de los edificios lo que me hizo detener, era un ser de aspecto macizo y geométrico. Mis miembros sin articular, eran continuaciones de mi rectangular tronco del cual mi cabeza (cara) era parte. Y aunque nada reconocía de lo que de mi aspecto se visualizaba, la sorpresa no se hizo presente. Como por decisión propia mis piernas reanudaron su pesada marcha, era como si estuviesen obligadas a andar indefinidamente.
Era una ciudad monótona y lineal, parecía sin vida. Solo mi presencia se denotaba en las innumerables calles que la componían.
Desconocía el porque pero solamente los cristales de un determinado edificio reflejaban de manera diferente mi aspecto. En ellos se veía ovalado, mis formas geométricas se deformaban. Esta simple anomalía me hacia detener frente a estos espejos más de lo que mis piernas consentían.
Con el correr del tiempo inquietudes en mi comenzaron a surgir. Mi invariable existencia, el hecho de respirar pero no oler, de mirar pero no ver y de oír pero no escuchar. Plantearon en mi la factible imposibilidad de sentir, creí comprender que está se debía a que era un ser vació, culpe a mi escaso interés y falta de ambiciones de este hecho. Comencé entonces a intentar generar modificaciones en mi entorno. Mis ideas para lograr lo propuesto no destacaban en complejidad, busque puertas en los edificios y alcantarillas en las calles. Intente por medio de golpes, con mis tosco brazos, producir aberturas y/o grietas en las paredes. Pero todo esto fue en vano, mi entorno no parecía variar.
Por el contrario y para mi sorpresa mi percepción de la realidad se modifico. Ya no me sentía vació, veía lo que una vez fue una existencia monótona ahora convertida en una vida con aspiraciones. Motivados por esta nueva sensación, decidí cambiar mi metódica marcha por saltos irregulares, a veces con una pierna otras con las dos. Generalmente hacia delante pero cuando me cansaba iba hacia atrás o a los costados. Un día en el que me encontraba, como siempre, recorriendo las calles me sucedió al mágico. En uno de mis saltos mis piernas se entrecruzaron provocando mi caída, el tremendo golpe ocasiono en el suelo una rajadura que se extendía de acera a acera. Quede paralizado observando lo ocurrido, y de pronto el cielo cambio. Su habitual oscuridad se transformo en un rojo intenso que era atravesado por definidas líneas brillantes y el fúnebre silencio que regia en la ciudad fue roto por una enserdocedora sirena. Ya de pie, contemplaba el espectáculo. Cuando de pronto un resplandor ilumino por un segundo la ciudad dejando a su paso una lluvia de cubos, que al impactar ocasionaban un tremendo daño.
Comencé a correr, sin siquiera pensar en lo que ocurría. Envuelto como por un instinto por sobrevivir me vi en una carrera desesperada. Los cubos que impactaban en mi generaban abolladuras de consideración y se acompañaban con un dolor agudo. De pronto visualice aquel edificio, en el cual mi reflejo se veía diferente, y para mi bendición en él se apreciaba una especia de puerta o más bien una abertura de la que salía una intensa luz. Corrí frenéticamente hacia ella, mi robusto cuerpo no podía resistir muchos impactos más. Al llegar me abalancé y de un salto me deslice por la abertura. Pensé que era mi salida pero al caer del otro lado entendí que era la entrada a otra ciudad monótona y lineal.
No quiero despertarme nunca
Hace un tiempo me tome la píldora incorrecta, y lo más terrible que no se bien cuando fue ni el por qué, ni siquiera se quién me la dio o si me la vendieron. Pienso que solo me la encontre y por alguna razon la trague y sus efectos comenzaron. En un primer momento de a poco, apenas perceptibles, pero luego como un buen medicamento que nos alivia la migraña o congestión, sus efectos comenzaron a generar cambios. Y en cada momento transcurrido estos efectos eran mas notorios, hasta que la realidad se modifico, o mas bien la vision de la realidad se modifico. Supongo que tambien podria ser una especie de virus, aquellos de cuentos de ciencia ficción pero en este caso en vez de hacer actuar a la persona como un autómata la despierta. Y así un día como cualquiera eh comenzado a pensar. Desde ese momento lo que entendia como vivir, esa palabra tan fuerte que de la misma se desprenden otras como amar, compartir, sentimientos de los mas dignos, pero tambien aquellos como odiar, destruir, se modifico. En una primera instancia y siendo consciente de lo acontecido tuve miedo, imaginar que la tranquilidad en la que estuve inmerso durante muchos años se esfumaba como por arte de magia, me paralizo. Durante un tiempo esta inmovilidad se hizo dueña de mi vida, llegando a sentirme vacio, sin sensaciones. Aquellas que solo se generan si se vive, que nos movilizan y que nos hacen actuar. Pero lo cual no significa que nos hagan pensar, y de ahí se desprendia mi desconcierto, mi miedo .Ya que tenia enfrente un gran desafio vivir y pensar. Cosa que a mi entender no siempre se presentan juntas en el comun de las personas. Imaginarme una realidad en la que tenga que reflexionar sobre mis deseos y acciones. Las consecuencias eran abrumadoras, no habia control… Sentir comenzaba a tener sus implicancias y a relacionarse con el pensar, vivir ya no era una imposición por el hecho de haber nacido. Era jodidamente mas difícil, palabras como odiar, amar, desear se transformaban y pasaban a superar la barrera de las sensaciones se convertían en algo mucho más inexplicable. Y pensar que esas palabras que en muchas ocasiones nos parecen tan distantes de nuestra realidad son las que producen, las que generan, las que modifican nuestras cualidades. Nuestra calidad como seres, ser que? Eso todavía no lo eh podido descifrar, supongo que estoy en los comienzos de una búsqueda, que por lo visto va hacer larga, llena de creencias, prejuicios, estandartes que se caen como hojas de un arbol. Ese tipo de búsqueda que te deja exhausto, que en mas de una ocasión queres dejar todo. Vivir tranquilo, no buscar mas, pero sabes que es un imposible ya que la píldora esta en tu organismo, ya es parte de ti. Que se puede dilatar, disfrazar, pero que esta ahí como una mochila, esa como la que llevaste en alguna excurcion a la montaña. Que estas deseando de una vez por todas dejarla apoyada contra algun rincón. Pero que ese malestar no es lo suficientemente fuerte como para dejarla a mitad de camino, ya que esa mochila es el salvoconducto de permanecer vivo.
Sucedió asi un dia como cualquiera, en una ciudad como cualquiera, llevando una vida sin ningun roce de espectacular, era uno mas. O tal vez no, pero mas alla de toda especulación de sobre cuales serian las características de una vida espectacular, lo que me interesa remarcar es que el instante en el cual se produjo el hecho de comenzar a percibir de distinta manera los acontecimientos que me rodeaban o que era testigo por la lectura de un periodico, o por el comentario de alguna relacion, mas alla de la profundidad de la misma. No tubo según mi entendimiento ninguna particularidad, no acontecio ningun hecho de trascendencia tal que sea oportuno nombrar en este relato. Lo cual que en su momento no produjo siquiera un llamado de atención de mi persona, no desperto en mi intriga alguna que este hecho el cual romperia con mi pasividad no estubiese relacionado con cualquier suceso de relebancia. Muy por el contrario, en este instante me abre la incógnita de que tal vez este fenomeno que encuentro de gran dificultad de entendimiento, es solo la búsqueda de aquello que llamamos libertad. Seguramente a un lector sagaz esta conjetura, y resalto que solo es eso, le resultaria irrisoria o mas bien disparatada. Ya que como bien debe saberlo el razonar junto a un conocimiento respetable de los pormenores de la humanidad forman una de las mas fuertes esclavitudes que puede enfrentar una persona. El compromiso, aquel que genera terror en mas de una ocasión, que se presenta en la toma de decisiones. Las cuales en algunas ocasiones dependen muchos sueños, esperanzas, deseos de seres que seguramente uno ni siquiera sea consciente de su existencia pero indudablemente la conocemos. El compromiso al asumir responsabilidades y la difícil tarea de estar a la altura de las mismas, de hacer con ellas no de utilizar de ellas. El compromiso al compartir cosa que olvidamos con facilidad.
Sucedió asi un dia como cualquiera, en una ciudad como cualquiera, llevando una vida sin ningun roce de espectacular, era uno mas. O tal vez no, pero mas alla de toda especulación de sobre cuales serian las características de una vida espectacular, lo que me interesa remarcar es que el instante en el cual se produjo el hecho de comenzar a percibir de distinta manera los acontecimientos que me rodeaban o que era testigo por la lectura de un periodico, o por el comentario de alguna relacion, mas alla de la profundidad de la misma. No tubo según mi entendimiento ninguna particularidad, no acontecio ningun hecho de trascendencia tal que sea oportuno nombrar en este relato. Lo cual que en su momento no produjo siquiera un llamado de atención de mi persona, no desperto en mi intriga alguna que este hecho el cual romperia con mi pasividad no estubiese relacionado con cualquier suceso de relebancia. Muy por el contrario, en este instante me abre la incógnita de que tal vez este fenomeno que encuentro de gran dificultad de entendimiento, es solo la búsqueda de aquello que llamamos libertad. Seguramente a un lector sagaz esta conjetura, y resalto que solo es eso, le resultaria irrisoria o mas bien disparatada. Ya que como bien debe saberlo el razonar junto a un conocimiento respetable de los pormenores de la humanidad forman una de las mas fuertes esclavitudes que puede enfrentar una persona. El compromiso, aquel que genera terror en mas de una ocasión, que se presenta en la toma de decisiones. Las cuales en algunas ocasiones dependen muchos sueños, esperanzas, deseos de seres que seguramente uno ni siquiera sea consciente de su existencia pero indudablemente la conocemos. El compromiso al asumir responsabilidades y la difícil tarea de estar a la altura de las mismas, de hacer con ellas no de utilizar de ellas. El compromiso al compartir cosa que olvidamos con facilidad.
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